Alfabetización científica: cómo, cuándo y por qué
A, B, C, D... ¿cómo seguía?En nuestro tiempo, estar alfabetizado implica muchísimo más que poder leer y escribir o calcular la cuenta del supermercado. En una sociedad en la que el acceso al conocimiento (entendiendo por esto tanto aquello que se sabe como la capacidad de utilizarlo cuando se necesita) establece una línea implacable entre los que quedan “adentro” y “afuera”, la alfabetización científica cobra una importancia renovada. Y cada vez más fundamental, en tanto pretendemos construir una sociedad con perspectivas de crecimiento en la que las desigualdades (por fin) comiencen a desaparecer.
¿De qué hablamos, entonces, cuando hablamos de alfabetización científica? No nos referimos a que la gente pueda repetir sin errores todos los elementos de la tabla periódica o conocer al detalle las leyes de Newton. Ni tampoco a transformar a toda la población en científicos profesionales. Nada más lejos de eso. Estar alfabetizado científicamente tiene que ver con, por una parte, la comprensión profunda de las características y leyes básicas del mundo que nos rodea. Y, por otra, con el desarrollo de ciertas capacidades relacionadas con el “modo de hacer” de la ciencia: el pensamiento crítico y autónomo, la formulación de preguntas, la interpretación de evidencias, la construcción de modelos explicativos y la argumentación, la contrastación y el debate como herramientas para la búsqueda de consensos, por citar sólo algunas que creemos fundamentales.
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